Aunque no lo quiera, la muerte me persigue (II)

21 febrero, 2020 Desactivado Por Anna Val

Entre empujones, empecé a avanzar hasta llegar a la puerta trasera del bar.

La abrí con gran ímpetu, tropezando con un borracho que inoportunamente se encontraba sentado allí.

Sin poder evitarlo, me caí. Sin poder evitarlo, el borracho empezó a reír.

Le miré con muy malas intenciones, preguntándole al mal educado borrachín, si a él, le parecería bien que yo me riera de su tétrica y penosa vida, que más que una vida, daba la sensación de ser una condena.

Con una mirada muy compasiva, me respondió:

-Discúlpeme, siempre fui un gran incomprendido. Tampoco esperaba que usted, me comprendiera…, pues sin pretenderlo, y gracias a su caída, ha dado muerte a la bigotuda, asquerosa y peluda rata que venía a morderme.

La he contemplado durante unos eternos minutos, imaginando varias formas de asesinarla, pero no barajé la posibilidad que una atolondrada mujer tropezara entre mis piernas cayendo al suelo y, que dicho impacto, acabara con mi asesina la rata. – No di crédito a lo que aquel borracho estaba diciendo -.

Me incorporé de inmediato comprobando, con gran espanto, como mi cuerpo había aplastado hasta la muerte aquel animal y con mayor espanto, vi detrás de mí ¡a la anónima vieja! Pero esta vez ¡decidí no huir!

Con mi camiseta manchada de sangre por mi recién asesinato, le grité:

– ¡¡¿Por qué me persigue?!! – La respuesta me dejó trastocada… -.

– ¡Hola, querida! Soy la Muerte, y me gustaría que me hicieras un retrato.

Sentémonos, los años son demasiado pesados – nos acomodamos en unas pequeñas cajas de madera que estaban amontonadas en la esquina de aquel callejón -.

Me senté exhausta… La vieja también.

La miré fijamente, y por un momento pensé que ambos eran un loco matrimonio que se había propuesto joderme la noche. Con mucho esfuerzo suspiré, esbozando una leve sonrisa.

– Lo siento señora, ya no me dedico al desquiciante oficio del arte – le contesté -.

– ¿No…? – Dijo con gran asombro -.

– Entonces, ¿a qué te dedicas? – Volvió a insistir -.

– Soy puta – me quedé tan ancha -.

– ¿Puta…? ¿Vas por libre o tienes chulo? – Tuve la extraña sensación que tal vez, aquella piltrafa de mujer quería ser mi «madame» y el borracho mi chulo -.

Continuará…


Anna Val.