Aunque no lo quiera, la muerte me persigue (V)

17 marzo, 2020 Desactivado Por Anna Val

Muy deprisa y en riguroso silencio, pasé por delante del apartamento del difunto Fablet. Lo hice casi de manera invisible, pues nunca me gustó llamar la atención. Siempre he pensado que ser invisible es un acto de buena educación y también, de generosidad hacia los demás.

Si nadie te ve, nadie siente curiosidad por ti, pues ya es sabido que la curiosidad jamás tiene un final feliz. Por lo tanto, la invisibilidad es necesaria y, a pesar de no ser comprendida, ella, la invisibilidad, evita muchos problemas.

Inmersa en mis reflexiones, me di cuenta con gran extrañeza, lo mucho que me complacía en aquellos momentos, entrar, por fin, en aquel espacio en el que yo habitaba.

Abrí la puerta como si de un abrazo forzoso se tratara. Cerrándola de la misma forma como se cierran los misterios y, entonces, una frase me reventó la cabeza; «¡La Muerte siempre me persigue!». Me pareció de una insolencia bastante insultante…

Mi cuerpo agotado y falto de energía cayó desplomado en el roído y viejo sofá, al tiempo que mis ojos atrapaban en sus retinas una imagen demoledora, vi dirigirse hacia mí en forma de amenazante figura asquerosa, ¡a la asesina de Fablet!

¡No lo pensé y le lancé mi lienzo más pesado! Quedó aturdida.

De manera decidida y aprovechando el momento de desorientación de aquel animal, cogí su larga cola y abrí la puerta de mi buhardilla con mucha rapidez. Asomándome al hueco de la escalera, grite:

– ¡¡Señora Babineaux, he aquí a la asesina de Fablet!! – La dejé caer al vacío impactando sobre la boñiga canosa de la anciana portera -. La rata murió en el acto, la portera también.

Regresé de nuevo a mi buhardilla cerrando la puerta de manera muy sonora y cuando recogí el arma del crimen, aquel lienzo tan pesado, le di la vuelta y me di cuenta que era el retrato de la anciana del callejón. Aquella anciana que se empeñaba en creer que ella era la Muerte, y que insistía de manera feroz, en que yo la pintara. Pero eso, claro está, no podía ser, ya que la Muerte había matado mi arte y a mí también.

FIN


Anna Val.