El jardín. Bananas Street (V)

2 octubre, 2020 Desactivado Por Anna Val

– Agónica nostalgia relatada por aquel autor que, durante varios días, me había tenido en jaque obsesivo. Un escritor abatido por su presente y que, con triste resignación, añoraba un glorioso pasado que se fue sin decir nada…

– Y usted, ¿qué opina de la literatura? – aquella pregunta me puso muy nerviosa…-

– ¿La literatura?… Pues…, no sabría decirle.… Yo no entiendo nada de literatura… 

– Ya… – balbuceó –

 Le interrumpí antes de que pudiera decir nada más o, mejor aún, para evitar otra pregunta que me privase de oxígeno y, entonces, ¡imaginé un gigantesco lienzo en mi cabeza en el que empecé a dibujar una respuesta!

– La literatura es un inmenso jardín – mi tic nervioso de parpadeo de pestañas volvió nuevamente y sin avisar -.

– ¿Ah sí?… Nunca se me habría ocurrido pensar algo parecido – me dijo de manera hipnotizada -.

– Pero, siga, siga – mi absurda respuesta, había cautivado su atención -.

– Sí, un inmenso jardín lleno de manuscritos ansiosos por convertirse en elegantes libros.  Algunos de ellos florecen con rapidez para marchitarse precipitadamente. Otros, emergen con fuerza para desarrollarse de manera victoriosa y ser admirados por un tiempo limitado. También están los que progresan lentamente para durar toda una eternidad y, por último, los que nacen debilitados, aquellos que nadie contemplará jamás – lienzo finalizado…-

Anónimo bajó la cabeza escondiendo una siniestra sonrisa y nuevamente fijó su atención en aquel cuadro que no dejó de observar en todo aquel rato.

Entonces, la generosidad se apoderó de mí obsequiándole aquella pintura de ácidos colores.

– Se lo regalo, puede llevárselo.

– Muchas gracias. Lo pondré en el rincón de curiosidades de mi despacho – dijo complacido -.

Le dio la vuelta al cuadro y quedó sorprendido.

– ¡Bananas Street! – exclamó mientras movía la cabeza a modo de aceptación -.

– ¡Eh! Ah, sí… – le respondí confusa -.

– Es curioso, ¿qué relación guarda con el dibujo? – me preguntó -.

– ¡Ah!, ninguna… Invento los títulos y me gusta que sean ruidosos. Les otorga mucha más personalidad.

– ¿Le importa si le robo el título para mi próximo libro? – me dejó perpleja…-

– ¡No, no! Para nada. Será un placer ser robada por usted.

Abrió la puerta y nos despedimos con una profunda mirada. Se alejó lentamente… Sus pasos parecían acariciar los lúgubres adoquines de la vieja calle.

Pasaron los meses y todos los días recordaba con cariño aquel autor.

Un día, un mensajero me trajo un pequeño paquete de remitente desconocido. Lo abrí ansiosa pues nadie, nunca me obsequiaba nada.

Lo desenvolví nerviosa y de manera torpe, descubriendo que se trataba de un libro cuyo título era: «El jardín. Bananas Street» Autor: Anónimo.

FIN.


Anna Val.