El Viaje de Ongas (V)

4 junio, 2021 Desactivado Por Anna Val

Ongas y Murciélago corretearon por toda la habitación en busca de algún escondrijo en el que pudiera ocultarse algún tontorrón que quisiera gastarles alguna broma pesada para burlarse de ellos, pero no encontraron a nadie, y entonces fue, cuando Murciélago muy enfadado, empezó a gritar retando a aquella misteriosa voz -¡¡Dónde estás!! ¡¡Déjate ver!!

Inesperadamente, de la nada, surgió un suave susurro que les dijo: -Acercaos al espejo de lata de sardina…

Los dos amigos temblorosos, imaginando que se trataba de un fantasma, alumbraron con el pez linterna al espejo. Quedaron con los ojos al revés al ver cómo se reflejaba en él la imagen de una bella sirena.

– ¡¿Quién eres…?! –insistieron algo sobrecogidos.

-Soy Reflejo, y tengo un mensaje para vosotros. Para salvar a los Pingüinos Ninos debéis llegar al interior de la pirámide donde se refleja el sol.

– ¡¿Dónde está la pirámide?! –le preguntaron. Pero Reflejo dejó de hablar.

– ¡Espera! ¡¡No te vayas!! –le suplicaban impotentes al comprobar como Reflejo iba desvaneciéndose poco a poco hasta desaparecer. Sin dar crédito a lo que había sucedido, y agotados por tanta emoción, se sentaron sobre la cama quedándose profundamente dormidos.

 

A la mañana siguiente cuando Ongas despertó, estuvo pensando en todo lo que había ocurrido la noche anterior. «Habré tenido una pesadilla», pensó.  Pero a medida que iba desperezándose, comprendió que no había sido un mal sueño, sino que todo pasó de verdad, y sin perder más tiempo Ongas se puso los calcetines de colores y la bufanda de la abuela Wanda, mientras que Murciélago, que estaba mirando por la ventana para comprobar que la tormenta ya había pasado, se peinaba los cuatro pelos que tenía con una espina muy fina.

Recogieron sus equipajes y los dos amigos fueron en busca de Ixar para contarle todo lo que les había ocurrido aquella noche.

Encontraron a Ixar sentado en la mesa del comedor esperando que le sirvieran su desayuno. Ongas y Murciélago se sentaron junto a él con la intención de desayunar también, pues debían coger fuerzas para afrontar el largo día que les esperaba.

El desayuno estaba preparado en una enorme mesa giratoria que daba vueltas por todo el comedor… «¡Menudo lío!», pensó Ongas.

Era muy difícil escoger lo que iban a comer, pues… ¡todo estaba riquísimo!

Había una gran variedad de dulces: galletas bailarinas de vainilla, bombones glotones, manzanas de azúcar, nubes de algodón, burbujas de leche de colores, palomitas azules, tostadas glaseadas de mermelada y… ¡un enorme pastel de lazos de miel!

-¡¡Buenísimo…!! –exclamaba Murciélago cayéndole la babilla.

Mientras devoraban el suculento desayuno, Ongas le relató a Ixar el misterioso mensaje que la sirena Reflejo les había transmitido.

Perplejo, Ixar no dejaba de preguntarse en voz alta dónde podría encontrarse aquella pirámide en la que se reflejaba el sol.

Ocupados en sus reflexiones, oyeron como alguien les dijo: «La respuesta la encontraréis en la ciudad perdida», se giraron y vieron a un viejo y agotado pez sierra.

El pez sierra les siguió contando que hacía muchos, muchos años en algún lugar en el fondo del mar, existía una fantástica ciudad en la que vivían unos magos muy sabios. Eran grandes estudiosos y realizaron importantes descubrimientos que guardaron dentro de un ánfora de piedras de colores. Pero un día, el mar se convirtió en fuego y la ciudad despareció.

Continuará…


Anna Val.