Ese gran asesino llamado tiempo (I)

2 mayo, 2020 Desactivado Por Anna Val

– ¿A dónde va? – Me preguntó aquel hombre ridículo con semblante de intelectual. El cual, ignoraba que aparentar ser lo que no se es, resulta muy insultante y, ante aquella pregunta tan estúpida, pensé que lo más sensato era ofrecerle una respuesta a la altura de las circunstancias. Pues advertí por aquel comienzo, que mi viaje iba a resultar un tanto nublado, y esbozando una leve sonrisa, disparé mi respuesta.

– Apreciado señor, desearía fervientemente que mi destino no le perturbara, es decir y para que usted me comprenda con gran exactitud… ¡Desaparezca! – Aquel tipo quedó confuso. Con el semblante tortuoso, intentó asimilar el riesgo que supone la acción de preguntar. ¡Quedó herido de muerte! Se alejó -.

Cuando todo parecía que estaba en calma, una estrafalaria mujer, tropezó con mi maletín. Altiva y fría me miró, y además me preguntó:

– ¿Falta mucho? La espera es incómoda – dijo -.

Cansada y pausada, le respondí:

– La espera es tan incómoda como este apolillado banco de madera que soporta mi cuerpo sentando, y sí, ¡todavía falta mucho! Este tren ¡está en ruidoso silencio, parado! – Aquella mujer se alejó, mucho más altiva y fría que cuando tropezó -.

La vieja estación de ferrocarril, con olor a agria nostalgia, acoge, y por poco rato, a todos aquellos que, con paso nervioso, miran inquisitivamente al anciano reloj de la estación. Y con un reproche silencioso, lo miran y lo miran…

Apoyé mi mirada sobre las manecillas del viejo reloj, ¡sobresaltándome al comprobar lo mucho que se parecían a una «Mantis Religiosa»! Se dejaban seducir por el «Tic-Tac» del tiempo, arrastrándose en un vicioso movimiento de placer, engullendo en aquel loco éxtasis a los sumisos segundos y minutos… Ellas, las seductoras manecillas, gozaban del placer del tiempo…

Aquello me hizo reflexionar, pensé en la peligrosidad de aquella situación. Pues del disfrute de unas simples manecillas de reloj, dependía nuestra existencia, y deseé que aquel viejo reloj de estación se convirtiera en un mal amante para fastidio de aquel par de «Mantis Religiosa» con apariencia metálica.

¡Deseaba que aquel reloj tuviera un corto orgasmo para poder liberar el tiempo y todo avanzara a gran velocidad! De esta forma, aquel tren que estaba en calma, pudiera empezar ya, con su ritmo habitual…

Continuará…


Anna Val.