Pulpos Day (IV)

10 julio, 2020 Desactivado Por Anna Val

Nos sentamos en una pequeña mesa ubicada debajo de una frondosa higuera. Lucca, el camarero, al ritmo de un animado -¡¡Buongiorno!!- nos sirvió dos limoncellos bien cargados.

Me tomé el primer trago y a medida que aquel cítrico líquido se deslizaba por mi garganta como si de una aterciopelada caricia se tratara, mi alma empezaba a respirar.

Ambos estábamos en un placentero silencio, saboreando aquel instante de tranquilidad, cuando la curiosidad de Ezio me disparó aquella inoportuna pregunta atravesando mi pecho del mismo modo que un arquero dispara una flecha.

– Lamenté la inesperada muerte de Filippos. ¿Qué le ocurrió?

Mi mente se resistía a retroceder al pasado para volver a caminar por los laberintos de la locura. Negándome a recordar una vida que quedó atrapada en un gigantesco reloj de arena y fue desapareciendo poco a poco, engullida por el arenoso tiempo…

Cruel pesadilla de vida pasada que, con rancia sonrisa, siempre me decía: – ¡¡Enloquece o muere!!

– ¡Karen! ¡Karen!

– ¡Ah!… Perdona…  

– No debí preguntarte…

– No pasada nada… Está todo bien….

– Comprendo. No quería molestarte. ¿Cómo te va?

– No puedo quejarme. Vivo aquí, en Capri, de manera tranquila y sencilla. Tengo una pequeña tienda de antigüedades y comparto mi vida con mi gata, Ternurita.

 Ezio sonrió y mirando su reloj, me dijo:

– Se hace tarde Karen. Debo regresar a Sicilia y localizar a Elián.

– Claro, seguro que no le habrá pasado nada. Te acompaño al ferri, me vendrá bien.

La mirada de Ezio era una mirada compasiva, pues comprendió todo aquello que mis silencios le contaron…

Al llegar al puerto, una inesperada sorpresa nos aguardaba.

Sentado en el suelo había un hombre escribiendo en unas servilletas de papel. Parecía abducido en su escritura.

Ezio fue corriendo hacia él.

– ¡Elián! ¡Elián!

– ¡¿Eh?!… ¡Ah! ¡Ezio!

– ¡Llevo todo el día buscándote, Elián! ¡¿Qué te ha pasado?! ¡¿Dónde estabas?!

– ¡Ezio, un milagro! ¡¡Un milagro amigo!! Me perdí entre el gentío y pensé que lo mejor sería esperarte aquí y… entonces…, ¡¡zas!!

– ¡¿Estás bien Elián?!

-¡¡Claro!! ¡He vuelto a escribir!

– ¡Qué bien!

– ¡Sí!… Todas estas servilletas están repletas de palabras…  ¡Este lugar me ha inspirado! ¡¡Dame un abrazo!!

– ¡Oh!… Elián, ella es Karen.

-¡¡Bella Karen!! ¡Tú serás la heroína de mi historia!

– ¡Claro!  Me encantará leer tu novela.

Entre risas y abrazos, el ferri con destino a Sicilia estaba ansioso por partir.

– Ha sido un placer reencontrarte nuevamente Karen. No importa que no me recordaras, pero me complacería que no olvidaras este día.

– Los buenos momentos, jamás se olvidan… – Subieron al barco y desde la lejanía nos fuimos despidiendo, sabiendo que no volveríamos a vernos nunca más -. 

Aquella embarcación fue deslizándose suavemente por la superficie del mar… desapareciendo en el horizonte…

– Ezio, ¿quién es Karen?

– Un sueño Elián. Un sueño…

FIN


Anna Val.