Retorno a la nada (I)

29 marzo, 2020 Desactivado Por Anna Val

Aquel frío cansancio apenas la dejaba caminar, y el camino pedregoso la hería al andar. Las piedras del camino le golpeaban en todo su ser, como el fuerte oleaje golpea al mar… ¡Había dolor!

Ella seguía caminando mientras miraba a su alrededor y, aquel grito desgarrador retumbaba en su cabeza:

– ¡¡Ya estoy llegando!! – Arrastraba un pequeño baúl de ruedas. Era todo cuanto la vida le había permitido llevar. Su esencia. Pesaba y, mucho -.

Pero ella seguía gritando:

– ¡¡Ya estoy llegando!! – En su doloroso caminar y con el permiso de la niebla advirtió, a lo lejos, una tenue luz -.

Y con un grito desgarrador dijo:

– ¡¡El faro!! ¡¡Ya estoy llegando!! – Sólo el fuerte oleaje, rompiéndose entre las rocas del acantilado, le respondió con un clamor mucho más desgarrador -.

– ¡¡Muy cerca estás!! – La luz de aquel viejo faro era ya una realidad -.

Sí, allí estaba tal y como ella lo recordaba…

Ella estaba ahora ya de pie, junto al faro, mientras miraba entre lágrimas cómo las olas golpeaban una y otra vez las duras rocas.

Dejó caer su baúl, a la vez que su alma abrazaba entre sollozos al majestuoso faro. Pero sus piernas no pudieron aguantar el peso de la densa emoción y se desplomó mientras decía:

– ¡Ya he llegado…! – Las lágrimas empezaron a limpiar su oscura y cansada visión permitiéndole ver que detrás de aquel faro, todavía se encontraba su anciana casa -.

¡Aquel era su hogar! Ese hogar que, con los brazos abiertos y una sonrisa calmada, le daba la bienvenida y la invitaba a descansar.

Se levantó y recogiendo aquel pequeño baúl, se dirigió, ya casi sin aliento, a reconfortarse en el interior de su hogar.

Abrió la puerta y entró. Se arrodilló y con las manos tapando su rostro, volvió a gritar:

– ¡¡Ya he llegado!! – Se desmayó -.

Rosita, Rosita Tirado yacía en el suelo de su hogar.

Rosita Tirado, hija de aquel marinero del país de Venezuela y de madre desconocida, había vuelto a Escocia.

Regresó a Escocia donde ella nació.

Aquella Escocia de castillos antiguos. Construidos de piedras cansadas, cansadas ya por el paso del tiempo infinito.

Castillos agotados de contemplar acantilados desmayados por cobijar al inmenso mar.

Tan solo aquel faro, alumbraba a Escocia y a sus húmedas praderas. Pero sobre todo, alumbraba la casa de Rosita Tirado.

Continuará…


Anna Val.