Retorno a la nada (III)

12 abril, 2020 Desactivado Por Anna Val

Cerró tan pesada y oscura ventana y, sentándose en compañía de su whisky escocés, decidió abrir aquel roído baúl.

De su interior afloró en esencia, la esplendorosa soledad… Soledad envenenada por la aterradora consecuencia de la vida.

Hizo presencia nuevamente, pero esta vez, algo aturdida por el largo viaje, mirando a su alrededor, sin recordar aquella casa. Y, sentándose en la mecedora, le preguntó a Rosita con mucha educación, si podía tomar un trago de aquel whisky, whisky escocés.

Rosita la miró fijamente, y con un gran hastío, le respondió:

– ¡Claro! Y de corazón te deseo que te ahogues con el primer trago – la negra soledad, esbozó una larga sonrisa… -.

– Gracias querida, pero yo, ya hace mucho tiempo que me ahogué con tus pesares… – Rosita advirtió por aquellas palabras, que también ella, la oscura soledad, fue víctima de su propia existencia. Y entonces, juntas, ¡brindaron por el espíritu de la abuela Bonny-lee!, la cual no se manifestó en ningún momento -.

Rosita pensó, que tal vez, su abuela había salido a dar un largo paseo por las verdes praderas de Escocia, y que estaría entretenida en algún pedregoso castillo, y presa del eterno tiempo, tal vez, se olvidó por un momento, que su querida nieta había regresado, o, tal vez, la abuela Bonny-lee dejó de ser eterna y ya carecía de sentido que su espíritu vagara por los salados paisajes salvajes de la verde Escocia.

A Rosita le entró de repente un pesado sueño, y decidió que sería sensato dormir un rato. Se levantó de aquella mecedora, indicándole a su compañera de whisky escocés, que regresara al pequeño baúl. Pero la eterna soledad le manifestó que prefería seguir sentada junto a la chimenea en compañía de los tapices de lana, esperando el regreso de la abuela Bonny-lee.

– Descansa querida… Ya sabes que cuando duermes, yo jamás oso importunarte… – Rosita Tirado se dio la vuelta, y sin responder a las palabras de la impertinente soledad, subió las escaleras abriendo la puerta que la dejaría entrar en aquella confortable estancia y descansar por un buen rato -.

Descanso más que merecido por aquel cansado viaje.

Se deslizó en la cama y el colchón rápidamente la abrazó y Rosita, sin oponer resistencia, se dejó abrazar… – Duerme y descansa que te lo has ganado… Le susurró el silencio y después…, nada -.

Continuará…


Anna Val.