¿Sale o sube?

15 marzo, 2019 Desactivado Por Anna Val

Recuerdo aquel extraño día.

Era verano y una superpoblación humana inundaba en exceso el edificio donde yo residía.

Apartamento número diecisiete, altura diecisiete.

Tráfico constante de gente, en constante y exagerado movimiento. Realizado siempre en ascensor.

Aquella situación, a mí, me desquiciaba.

Intentar coger aquel ascensor era una misión heroica, pero debía salir de mi apartamento. El número diecisiete, altura diecisiete.

Me armé de valor y salí.

Tras unos largos y eternos minutos, ¡al fin!, pude ubicarme en el interior de aquel estrecho aparato. Procediendo de inmediato a pulsar el botón «PB» o lo que es lo mismo, «Planta Baja».

Empecé a descender las diecisiete alturas, inmersa en mis pensamientos. Suplicando que aquel ascensor no fuese interrumpido en su trayecto.

Pero mis deseos no se cumplieron como era de esperar…

El ascensor se detuvo y una mujer con aspecto desgarbado, abrió la puerta a la vez que me preguntó.

– ¿Sale o sube? – Ante semejante pregunta tan idiota, le respondí con particular mal humor.

– ¡Bajo! –Pero ella, volvió a insistir.

– Pero, ¿sale o sube? –Quedé perpleja ante su insistencia.

Aquella «cosa», se había propuesto desquiciarme. Y al ver que no lo conseguía, lejos de desistir, ¡volvió a insistir!

Mi respuesta retumbó de forma demoledora.

– ¡¡Bajo!! –En aquellos instantes la situación se descontroló, pues la «madame», dio un brinco y entró, a la vez que apretaba el botón número ocho.

¡Quedé impactada!

Mientras realizábamos aquel disparatado ascenso, ella volvió a insistir.

– ¡Estaba usted en la planta baja y por esta razón, le preguntaba si salía o subía! –Mi riego sanguíneo empezó a cabalgar alocadamente, y con un vértigo espantoso por no saber cuál sería mi reacción, la miré fijamente y le lancé una ruidosa respuesta.

– Querida señora, ¿no hubiese sido más correcto indicarme que me encontraba en la planta baja y luego preguntarme si deseaba salir o subir? –No tuve tiempo de recobrar el aliento necesario para recuperarme de aquella enquistada discusión, cuando su respuesta invadió aquel reducidísimo espacio.

– Perdone mi torpeza, pero, ¡yo no soy ascensorista! –Lamentablemente, eso no fue todo…

El ascensor volvió a detenerse en la planta número cinco, abriendo la puerta un anciano.

Ambas le dedicamos una mirada asesina. Pareciendo dos panteras negras enjauladas.

El anciano, espantado por aquella situación, nos dedicó un; «buenos días», cerrando de inmediato la puerta.

Nuevamente aquel ascensor se puso en marcha, hasta llegar a la planta número ocho, donde la mujer desgarbada salió precipitadamente, y sin despedirse. Algo que yo, agradecí.

Finalmente, y ya sin interrupciones, el ascensor descendió velozmente. Hasta mi destino final. Planta baja o «PB».

Fue el viaje más agotador, que yo había realizado jamás en un ascensor…

 

Anna Val.