Seiche La Mollusca (IX)

12 marzo, 2021 Desactivado Por Anna Val

Nuestros corazones se asomaron con ímpetu, voluntad y coraje, contemplándose de manera desafiante para ordenarnos, de forma tajante, que diéramos un contundente salto de fe.

-Está bien, veo que eres una persona arriesgada y eso me gusta… ¡Bienvenido a mi mundo!

Después de verbalizar aquella estúpida frase que más bien parecía un eslogan de mal gusto, realicé otra extraña maniobra ante la atónita mirada de Dave. Nuevamente me volví a sentar sin tener presente que aquel tren estaba parado en la propia estación de Albi, y que en breves minutos reemprendería de nuevo el viaje hacia su próximo destino. ¡Yo estaba ajena de todo y tan feliz!…

Confundido, Dave alargó su mano de manera alborotada cogiéndome con fuerza del brazo y tirando enérgicamente de mí para poder arrancarme de aquel asiento. Lamentablemente, la fortuna no estaba para nada de mi parte, permitió que mi pie quedara atrapado en el propio reposapiés, provocándome un dolor insoportable, algo que no dudé en manifestar a través de unos estruendosos y agudos chillidos que sobresaltaron, como no, al resto de pasajeros. Pero Dave, hombre de acción, no dudó en sujetarme por la cintura y removerme de manera impulsiva, obligándome a ejercer unos drásticos movimientos con la finalidad de liberarme de aquella trampa mortal. Afortunadamente logró desatascarme, pero la fuerza empleada en aquella operación dio lugar a que quedara estampada contra sus duros pectorales, algo que mi pequeña y bella nariz lamentó desesperadamente.

 

Enredados como un nudo marinero salimos revoloteando por aquel estrecho pasillo que a causa de mi torpe caminar por el punzante dolor que sentía en mi tobillo, daba la sensación que estuviéramos bailando un apasionado tango, convirtiéndonos, de manera involuntaria, en un extraño e improvisado espectáculo de entretenimiento para el resto de viajeros que, de manera espontánea, no dudaron en dedicarnos un estruendoso aplauso.

Ya en el exterior Dave me preguntó, muy irritado y nervioso, qué me había ocurrido.

-No sabría decirte… De todas formas, si insistes en venir, vete acostumbrando a este tipo de disparatados accidentes… Son bastantes habituales en mí…-le respondí con voz entrecortada y casi sin aliento y sin saber exactamente dónde me encontraba debido a la confusión vivida en aquel momento. «¡Vaya tela!», exclamó él. No comprendí muy bien qué quiso decir exactamente con aquella expresión. Pero tuve la sensación que Dave era un hombre demasiado impresionable…

– ¿Puedes andar?… –preguntó en un tono preocupado.

– ¿Eh? ¡Ah! Sí, estoy algo dolorida, ¡pero en forma! –aquella respuesta no me la creía ni yo…

-Lo mejor será llamar a un taxi –me sugirió algo inquieto.

– ¡Oh! No es necesario. Vendrán a recogernos, no te preocupes –yo rogaba para qué así fuera…

De repente Dave miró extrañado hacia un punto determinado en la lejanía. Parecía hechizado… No tardé en averiguar de qué se trataba.

El vehículo que debía recogernos era una vieja tartana tirada por un cansado caballo y conducida por un hombre estrafalario y, además, en el lateral de dicho carruaje colgaba un enorme y vistoso cartel en el que podía leerse: «La Maison de Adèle».

La reacción de Dave, no se hizo esperar:

– ¡¿En serio?! –gritó agrandando sus ojos.

Quedamos en silencio, observando como aquel carro se iba acercando con calma y tranquilidad, envuelto en una gran parsimonia…

Continuará…


Anna Val.