Seiche La Mollusca (XIV)

16 abril, 2021 Desactivado Por Anna Val

Aquel extraño que había conocido hacía apenas unas horas antes, y que en un primer momento me produjo cierto temor, resultaba tener una magnánima alma. ¿Quién era en realidad? ¿Un maestro de aprendizaje impuesto por el universo, o por la providencia, o quien fuera para que yo resolviera, de una vez por todas, aquel traumático asunto sobre las «relaciones personales» al demostrar tener una particular habilidad para tocar, en cada momento oportuno, el interruptor emocional preciso y evitar de esta manera que se produjera en mi cabeza un cortocircuito letal? Tal vez…

Pero creo que la explicación era muy simple… Seguramente, a causa de su sólida madurez, algo de lo que yo afortunadamente carecía, me convertía en una persona muy previsible para él. Dave había removido todos mis cimientos internos, y por ello, le agradecí al destino, en silencio y en secreto, que lo hubiese alineado en mi camino, pues su seguridad me aportaba paz y optimismo, y ambos se espejaban en mi corazón proyectando un radiante rayo de confianza y cálida amistad.

 

Encontrándome en aquel momento de recogimiento personal, Dave atrapó mi atención con una insólita invitación.

– ¿Te apetece un trago de Absenta? Es artesanal… -puntualizó poniendo los ojos en blanco y señalando a los Chaput.

Me reí por su gracioso semblante, preguntándole si de veras le gustaba aquella bebida mientras pincelaba mi rostro de maquillaje.

-No me disgusta. Creo que la he probado un par de veces o poco más de jovenzuelo en un viaje por España. Fue en la ciudad de Bilbao, en la zona del Casco viejo que tiene mucha solera.

– ¡Ah, «de jovenzuelo»! –repetí aquella expresión que me había hecho mucha gracia debido a que yo seguía pensando que era muy «jovenzuelo».

Ambos nos reímos cuando me hizo una pregunta a la que no pude darle la respuesta que él esperaba, es decir, una respuesta que se adecuara a su lógica, pues nuestras «lógicas» se encontraban en lugares opuestos y muy distantes … A pesar de todo, yo, con el paso de los años, había adquirido una gran habilidad para sortear obstáculos imprevistos.

Annette, ¿quién te dijo que esta gente eran esos extraños parientes lejanos de Tolouse Lautrec? Te lo pregunto porque parece que todo este tinglado que hay aquí montado no tiene pinta de que sea muy veraz con respecto a tu información. Todo cuanto hay aquí es de otro mundo… ¿No crees…?

-Yo jamás revelo mis fuentes –le dije muy solemne –Y por lo que a mí respecta «todo lo que hay aquí» goza de una gran autenticidad -añadí con un golpe de melena y seguí narrando mi metódico razonamiento.

Soy consciente, al igual que tú, que dichas obras de arte que cuelgan de estas paredes no son auténticas, ¡salta a la vista! Pero tal vez se deba a que, inducidos por el temor de que éstas pudieran ser sustraídas por personas maliciosas, se vieran abocados a tomar la decisión de ocultar las originales en algún lugar secreto. O, tal vez, sean pobres, muy pobres, y a causa de la miseria y la penuria fueron empujados, en contra de su voluntad, a empeñar tan valiosa colección de arte, cayendo en las redes de algún malévolo y engañoso prestamista que, carente de cualquier tipo de escrúpulo y ejerciendo sus malas artes, estafó al anciano matrimonio, robándoles su legado, desvaneciendo cualquier posibilidad de poder recuperar nada… Pero lo que no se les puede arrebatar es su verdad. La inocente y supuesta realidad que ellos defienden y que, a nadie, daña… ¡Todo lo contrario!, debemos y tenemos la obligación de dar visibilidad y construir historias como ésta para oxigenar nuestras mentes y poder limpiar, aunque solo sea un instante, la ennegrecida atmósfera social que tanto contamina nuestros corazones. Por lo tanto, ¡que cada uno crea lo que quiera!    

-Muy bien –contestó con una gran resignación.

Salimos de aquella pequeña habitación en la que, además de asear nuestros cuerpos, también lavamos nuestros sentimientos, y dirigiéndonos de nuevo hacía la cocina, la cual ejercía la función de sala de estar… ¡¡Oh!! ¡¡Mon Dieu!!

Continuará…


Anna Val.